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La minería, una bendición que se convierte en maldición en el Perú

Fuente: dpa  |  2012-05-30
La minería, una bendición que se convierte en maldición en el Perú

Un grupo de personas protesta contra el proyecto Conga frente a la sede del gobierno regional en Cajamarca, el 16 de abril de 2012. Crédito: Eduardo Lozano/Andina/Handout

REPORTAJE Por Gonzalo Ruiz Tovar (dpa)

LIMA, 30 may (dpa) - En 2010, la minería le dejó al Perú un 61 por ciento del total de ingresos por exportaciones. Y como la mentada diversificación no avanza al ritmo que sus promotores quisieran, todo indica que el país continuará teniendo en los próximos tiempos una economía esencialmente basada en la actividad extractiva.

El Perú es el segundo mayor productor mundial de plata, cobre y zinc y en el codiciado oro ocupa el sexto lugar. El ministro de Economía, Luis Miguel Castilla, estima que el país captará 50.000 millones de dólares en proyectos mineros y energéticos hasta 2018, de los que 30.000 millones podrían llegar en los dos próximos años.

Pero la minería no camina por una alfombra de rosas en el Perú. Décadas en que grandes mineras causaron destrozos ambientales y se llevaron sus ganancias sin dejar nada para las localidades con cuyos subsuelos se enriquecieron, generaron una grave crisis de confianza en comunidades campesinas.

Diez personas han muerto en enfrentamientos entre manifestantes y policías en los 10 meses de gobierno de Ollanta Humala y los heridos se cuentan por centenares. La mayoría de los conflictos sociales se generan en la minería y la imposibilidad de hallar consensos.

Teóricamente, la población del departamento norteño de Cajamarca debería estar feliz con los 4.800 millones de dólares que la estadounidense Newmont y la peruana Buenaventura piesan invertir en su proyecto Conga. Pero esas empresas son también las que manejado en la misma zona a Yanacocha, la mayor mina de oro de Sudamérica, y la relación estuvo marcada por más bajas que altas.

Los campesinos de la provincia sureña de Espinar tampoco quieren a Xstrata, cuprífera basada en Suiza que proyecta invertir más de 4.000 millones de dólares en el Perú. Los líderes aducen que más allá de los 150 millones de soles (unos 55 millones de dólares) que la empresa dejó como canon en 2011, la participación de la comuna en ganancias debería subir de un tres a un 30 por ciento.

Portavoces de Xtrata ironizan con que el gobierno provincial, que lidera las protestas, ni siquiera ha sabido invertir aún el 40 por ciento del presupuesto del año pasado. En ese contexto, los sectores más radicales de Espinar han subido la apuesta, y no quieren ya una mejor participación, sino simplemente que los mineros se vayan.

Según el alcalde provincial, Óscar Mollohuanca, la cuprífera contamina dos ríos. La empresa lo niega y el Ministerio de Minas dice disponer de informes técnicos que confirman que no hay daño.

Los cajamarquinos están a la vez seguros de que Conga dañará cuatro lagunas. Un peritazgo internacional contratado por el gobierno central concluyó que sí puede haber impacto, pero controlable. Pero los campesinos no les creyeron a los peritos, a los que desde el comienzo vieron como aliados de la contraparte.

La Sociedad Nacional de Minería asegura que los tiempos en que las empresas arrasaban quedaron atrás. Según afirman, ahora hay un compromiso que las lleva a dotar de desarrollo a las localidades anfitrionas. Discurso que, sincero o no, choca con una incredulidad derivada de décadas de maltrato.

En otros proyectos mineros también es claro que la población empieza a organizarse para enfrentarlos. Para el presidente del Consejo de Ministros, Óscar Valdés, el problema es ideológico: grupos ultraizquierdistas, asegura, pretenden recuperar espacios flameando ahora la más simpática bandera ambiental.

La tensión no queda solo en las grandes mineras que, según quienes se les oponen, tienen respaldo incondicional del gobierno. El Ejecutivo está simultáneamente empeñado en formalizar a la minería que no lo está y acabar con la ilegal, que domina grandes regiones y que más allá de destruir el ambiente genera virtual esclavitud y prostitución infantil.

Los frentes son distintos. Valdés, dice que se buscará dialogar, pero con voz firme, para que se desarrollen proyectos con estándares adecuados, y al mismo tiempo, además, se hará todo el esfuerzo para acabar con los ilegales y los informales que se nieguen a dejar de serlo. Grupos que, por cierto, ya hicieron demostraciones de fuerza.

El presidente peruano Ollanta Humala entretanto solo aparece para hacer comentarios puntuales y culpar a extremistas enemigos del desarrollo. Aunque también deja espacios para incidir en la responsabilidad social de las empresas, como para no romper del todo con el discurso crítico que tuvo en sus épocas de candidato y que ahora parece guardado en algún baúl.

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