Un avión sin una gota de combustible: el "visionario" Bertrand Piccard acerca el futuro
El avión "Solar Impulse" durante un vuelo de prueba en abril de 2010. Crédito: picture-alliance/dpa/Solar Impulse/EPFL Claudio Leonardi
REPORTAJE Por Daniel García Marco (dpa)
MADRID, 14 dic (dpa) - Cuando el abuelo fue el primero en ascender a la estratosfera en 1931 y el padre hizo historia al descender a la fosa de las Marianas en un batiscafo en 1960, la presión que tiene la siguiente generación por trascender e igualar metas es elevada. El suizo Bertrand Piccard, sin embargo, ha conseguido dar continuidad a la estirpe de pioneros.
Piccard es doctor en psiquiatría. Fue el primero en dar la vuelta al mundo en globo sin escalas, en 1999. Es piloto. Es embajador de buena voluntad de las Naciones Unidas. Preside una fundación caritativa. Es caballero de la legión de honor francesa y recibió el premio de la orden olímpica. Es un gran comunicador y se gana la vida (también) dando conferencias. Se autodefine como "visionario" tras haber logrado con su proyecto Solar Impulse hacer volar un avión durante 26 horas sin una gota de combustible usando -día y noche- la energía del sol.
Un largo curriculum que no desmerece al de su padre y su abuelo."Va a cambiar el mundo", aseguró en Madrid uno de los patrocinadores de Solar Impulse, cuyo presidente es Piccard.
El suizo de 52 años es un gurú, un Leonardo da Vinci versión siglo XXI, un Steve Jobs dedicado a las energías renovables. Como el fundador de Apple, Piccard huye de las corbatas y las chaquetas. Viste ropa deportiva. Su aspecto es más el de un atleta que el de un empresario. Y como Jobs está decidido a hacer la vida un poco mejor. Para ello combina ciencia y aventura.
Psiquiatra y experto en hipnoterapia, parece que usa sus habilidades ante su audiencia, entre la que cada vez hay más políticos, ansiosos de un guía en tiempos de crisis. "Estamos viviendo una época de desafíos", aseguró Piccard en Madrid, donde acaba de presentar Solar Impulse, proyecto nacido en 2003 de su mano y de la de su compatriota, el ingeniero André Borschberg.
Está especializado en el comportamiento humano en situaciones extremas que él mismo ha vivido. Un perfil adecuado para los tiempos actuales que sacuden al mundo y hacen tambalear a Europa.
"A los pioneros se les reconoce después. Antes de tener éxito son una amenaza", asegura con la experiencia de las aventuras de la inquieta familia Piccard. Atendiendo a cómo lo sigue su audiencia, él puede ser una excepción. No importa el récord por el récord, la aventura por la aventura. Detrás de las experiencias de su familia y de las suyas propias hay un mensaje: "Mejorar la calidad de vida".
Piccard y su equipo de más de 70 personas han hecho real el sueño de que un avión vuele sin gasóleo. "Somos demasiado dependientes de los combustibles fósiles, por los que estamos limitados", asegura. No sólo piensa en el costo climático, sino en el económico.
"El cambio climático es el síntoma. El origen de la enfermedad es la dependencia de los combustibles fósiles. La terapia es recurrir a energías limpias. Invertir en ellas dará empleo y será beneficioso económicamente", dice anclando la filosofía ambientalista con la realidad de los números en un intento de convencer a empresarios y políticos. Y agrega un poco más de realismo: sabe que pasará mucho tiempo hasta que un avión "de verdad" se alimente sólo con la inagotable fuente del sol.
Bertrand quiere agitar mentalidades. "No se puede seguir creyendo que todo debe seguir igual, vendiendo cosas que la gente ya tiene para que simplemente las cambie. Hay que producir cosas que la gente necesite y que den beneficios, como las energías limpias. No es un gasto, es una inversión".
"¡Tenemos que despertar!", alerta aventurando que Asia tomará la delantera ante una Europa sin rumbo y sin decisión. El vuelo de su avión es una señal: "Ya nadie puede decir que no se puede hacer".
El equipo de Solar Impulse logró en julio de 2010 que el aeroplano volara 26 horas. Mientras lucía sol, el gasto se compensaba. Los acumuladores llegaron a pleno al anochecer. La energía se fue gastando durante la noche, pero cuando amaneció, las baterías de litio aún tenían remanente. "Podríamos haber volado sin fin. Pero el piloto no".
El avión tiene la envergadura de alas de un Airbus A340, es decir, más de 63 metros, pero gracias a la investigación en materiales ligeros, que ya se aplican también en el sector del automóvil, sólo pesa 1.600 kilos, como cualquier vehículo familiar. Sobre sus largas alas se sitúan 11.680 pequeñas placas solares que alimentan cuatro motores de diez caballos cada uno.
Más allá de los números, de la tecnología y de la ciencia que hay detrás, Piccard considera que el proyecto de Solar Impulse es "humanista". Y se mantiene en esa escala. No pretende que los Airbus cambien ya el gasóleo por el sol, sino que reclama hacer algo para reducir el gasto energético de los edificios.
"En estos momentos de crisis es difícil tener el coraje de hacerlo, pero animamos a desafiar la realidad", espeta. Para ello considera fundamental la educación y enseñar a los niños "cómo pensar en lugar de qué pensar". Es la tradición de su familia y del sistema educativo de su país, Suiza, del que presume.
Tras recorrer el mundo en globo sin escalas, lamentó haber gastado casi 3,7 toneladas de gas propano. "La próxima vez lo haré sin combustible", se dijo.
Ya dio el primer paso para dar otra vuelta al mundo sin combustible, lo que pretende lograr con Solar Impulse en 2014. Siguiendo la estirpe familiar, Piccard hace realidad sus sueños. Y envía mensajes que cada vez llegan más alto a políticos y empresarios.
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