domingo 28, noviembre 2021
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La rebelión del consumidor: única arma de las mayorías

Una de las causas de que existiera el ahorro en el siglo XX, fue que los intereses eran llamativos para el cuenta habiente, por otro lado no había mucho qué comprar. A finales del siglo XX y principios del XXI, los intereses han bajado, los artículos NO necesarios pululan por doquier y la fabricación masiva en la China y otros países del Sudeste asiático con el consiguiente abaratamiento aparente de ellos, han creado la falsa idea de que necesitamos comprarlos.

Si uno revisa lo que ha comprado en los últimos cinco años, quitando por supuesto los artículos de primera necesidad, veremos que el 20% de lo que hemos comprado acaso, llena el lugar de necesidad.

Esto es muy simple y es un ejercicio que cualquier persona puede hacer sin necesidad de ser un economista, verá que ha botado el dinero en un 80% de cosas innecesarias. (Hay estudios muy serios sobre este tópico, pero son más que nada académicos).

No se trata de caer en el ascetismo, no, se trata de racionalizar el gasto personal, familiar, empresarial y hasta Nacional público.

Veamos, en nuestro país se paga casi el doble por artículos innecesarios que lo que cuestan en Panamá, pero se gana el doble o el triple. Un ejercicio aritmético básico nos demuestra que en ambos países se camina a coyol quebrado coyol comido, o trabajando hoy para comer ayer.

El crédito fácil ha llegado a todos los estratos socioeconómicos de nuestra ciudadanía. Las facilidades crediticias personales, son más artimaña de los banqueros para cobrar intereses, que en algunos casos rondan el 52% (cifra insólita, pero real). La tarjeta de crédito vino a sustituir la libreta del comisariato y la libreta del chino, las cartulinas del polaco y después las libretas en todas o casi todas las pulperías.

¿Entonces cuál es el negocio de los emisores de tarjetas de crédito? El crédito en sí mismo, pues es tan elevado, que el 70% que son los que pagan, cubren el 30% de morosidad de los que no pueden pagar y sigue siendo un negocio redondo. Los márgenes de ganancia aún de este modo, superan el cien por ciento, cosa muy adecuada, esto porque los precios de manejo son muy baratos y muchos son automático-informático.

¿Cuál es la razón última de lo que escribo? Los consumidores, que somos el 99,99% de los ciudadanos por encima de los trece años de edad (dejando eso si un apartado para los menores, aunque no paguen son consumidores y hasta compulsivos).

Uno podría pensar que este Mercado liberal a la loca, trae beneficio a miles de millones de personas: falso, porque los que trabajan esas utilerías son muy mal pagados y la gran buchaca se la embolsan los nuevos millonarios (250.000 multimillonarios en la China de Mao), repartiendo pichuleos entre las mayorías. Es decir, no hacemos ningún bien a las grandes masas de población, al contrario las empobrecemos por ese modelo de consumo patológico, donde hemos dejado que el mercado de imagen sustituya al individuo: “soy lo que tengo”.

No es fácil crear conciencia entre las mayorías, es decir esta se crea cuando se encuentran endeudadas, no antes y lo ideal sería no ir a la bancarrota personal, familiar y general. Existen muchos métodos, pero el más efectivo es no tocar nada que nos guste, no permitir que se cree ese vínculo empático objeto-persona. El segundo es dar unas dos o más vueltas antes de regresar a ver lo que nos llamó la atención y sopesar si efectivamente lo necesitamos y aún más, si nos seguirá gustando un mes después de haberlo comprado. Es frecuente que veamos por ahí en un rincón de la casa, algo que compramos hace seis meses y no volvimos a utilizar, ropa incluida. Es que la compra es un mecanismo erótico muy importante: los objetos se convierten en fetiches. Las compras por internet, moda total en EEUU, han dejado sin trabajo a millones de personas, ya no hay dependientes en esas tiendas virtuales, ni personal de aseo y vigilancia. El agravante de la compra por internet es que se hace con tarjeta de crédito, usualmente, además es tan rápida que muchas veces vemos que la hicimos sin convicción, pero ya no hay vuelta atrás.

¿Cambiar o mantener un carro?, depende a quien le preguntes. Un europeo promedio se inclina por mantener su vehículo por un máximo de años directamente proporcional al mantenimiento.

Un estadounidense del medio oeste, se inclina por conservar su camioneta por muchas décadas, los latinos y los afroamericanos prefieren cambiar tan pronto como puedan su carro, estando el usado aún en excelentes condiciones, solo por moda. En nuestro país cada vez es más frecuente la compra de carros de gama alta en grupos de ingresos moderados (No bajos); es, según creen ellos, un símbolo de estatus. Entonces el mercado de autos nuevos estuvo en aumento por muchos años, ahora tiende a la baja. Pero de todas maneras cambiar un carro al año es perder entre un 27 y 35% del valor del mismo, es decir cada tres años perdemos del todo un carro(!!!).

¿Es entonces inteligente hacer esa dilapidación de dinero? No lo creo. En un ensayo de Schopenhauer se infiere que el error más grande de un profesional es creer que lo que gana son los intereses y el capital es él, craso error dice el lúcido Arthur, porque si el profesional se enferma permanentemente o muere, el capital se termina y los deudos quedarían en la bancarrota más infeliz del mundo: se termina la leña para mantener el fuego.

La casa es quizá, después de los alime1ntos, salud y educación, el bien mayor a qué puede aspirar una persona. Ahí se debe tener cuidado a esa competencia inútil, querer comprar casas en condominios exclusivos, donde se termina aislado de la realidad que nos circunda a un costo muy elevado, tenemos que salir de ese nicho de seguridad a ganarnos el sustento, y entonces seremos tan o más vulnerables que quien vive en un barrio modesto, ¿cuál fue el negocio? Hay que ubicarse, para poder vivir con menos problemas, con más tranquilidad. No estoy contra los deseos de ser sociable y otras yerbas, no, pero hay que darse un shampoo de “ubicatex”, no por tener un carro caro o una casa en condominio se es más. No, porque seguiremos pagando ese estatus hasta que la muerte nos separe.

Creo que esto no es de fácil digestión para muchas personas, no, porque nadie aprecia consejo gratis, pero creo que si una sola persona capta el meollo del truco del cuento de nunca acabar, seria tiempo bien invertido.

No se trata de no gastar, se trata de gastar inteligentemente.

Entonces el capitalismo salvaje no son solo los ricos, no, somos todos, consumidores y productores. Usted elige como quiere caminar, ellos solo dependen de nosotros gastando, para hacer más capital. Nosotros dependemos de ellos para gastar meno o para gastar más, la elección es únicamente nuestra.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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2 COMENTARIOS

  1. Muy atinado ensayo del señor Arce. Nos damos cuenta de la irracionalidad del consumismo, hasta hace referencia al «fetichismo de las mercancías», por algo Marx dedicó el primer capítulo del Capital a las mercancías, ahí es donde se esconde el trick de este sistema capitalista. Trick del que no podemos salir, ninguno de nosotros, pero como dice don Rogelio si racionalizamos nuestras compras de una manera inteligente (los que pueden) saldremos poco a poco de este círculo vicioso de la adoración a los oropeles, que aunque vistosos y deslumbrantes nunca dejarán de ser eso: simples oropeles.

  2. Hay que rebelarse a la matrix… Crear y desarrollar modelos más humanos de autosuficiencia…. Hacer uso de la energía que nos da la tierra… Labrar el suelo dejar de comusumir tantas cosas inútiles generando basura y gasto energético

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