jueves 6, octubre 2022
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La discriminación comienza en la mente

Columna Poliédrica

La discriminación nace de una valoración negativa de aquello que es diferente a la persona que la hace. Si soy costarricense y valoro que el resto de centroamericanos son inferiores, hay una discriminación con base en la nacionalidad. Si soy de piel blanca y considero que los de piel amarilla o negra son inferiores a mí, hay una discriminación con base en el color de piel. Si soy de la religión cristiana y estimo que lo que dice la religión budista no es la verdad, probablemente, haré una discriminación con base en esa idea de verdad.

La discriminación nace de valoraciones que hacen determinadas personas y que llegan a convertirse en ideologías que son incorporadas en el imaginario colectivo de las sociedades. Históricamente las mayores discriminaciones han sido creadas y promovidas por los grupos de piel blanca, en especial, de etnias sajonas; sin embargo, con esto no estoy afirmando que en otras etnias no haya existido o exista, procesos de discriminación.

Han sido los blancos quienes han realizado las discriminaciones más acusadas en la historia de la humanidad. Los de piel clara, por ejemplo, se han considerado superiores a los de piel negra, ello ha conllevado el desarrollo de ideas tan enraizadas en la mente de las personas como: lo blanco es puro y lo negro es sucio; lo blanco es positivo y lo negro negativo; lo blanco es bueno y lo negro es malo; etc.

La idea de la supremacía blanca viene desarrollándose desde la antigüedad. Recordemos, para no ir muy atrás en la historia, que los romanos se consideraban una sociedad superior al resto del mundo conocido y, con base en esa idea, esclavizaron a pueblos enteros del continente africano, europeo y asiático. La justificación para subyugar a los que eran “diferentes” fue, valorarse como seres humanos superiores a otros por razón de etnia, cultura, idioma y otros criterios por medio de los cuales legitimaban sus acciones de discriminación.

En estos procesos discriminatorios la religión ha tenido un papel muy relevante. Las ideas que han sido elevadas al rango de deidades, se han representado como dioses de piel blanca, ojos claros y con características propias de esas etnias que se observan superiores a las demás. La discriminación en el ámbito religioso ha tenido una especial incidencia con algunos grupos, incluso, dentro de las mismas etnias que se consideran más que las demás, a saber: mujeres, personas con limitaciones físicas o mentales, etc.

Durante la modernidad y hasta nuestros días se han seguido promoviendo esas y otras discriminaciones por diferentes medios. La represión y expulsión de los judíos, el sometimiento y muerte de los autóctonos del continente americano, la esclavitud y comercio de los negros africanos, la explotación de los más pobres en favor de los que más tienen, el holocausto, el Apartheid, la criminalización del migrante, en fin, que los acontecimientos de la actualidad no son nada nuevo.

La discriminación comienza con un juicio valorativo que es adoptado por las demás personas. Debemos estar atentos a no permitir que estos enunciados de discriminación se conviertan en ideologías que rijan a nuestras sociedades. En la actualidad el mayor poder es el ideológico, con base en este poder se desarrolla los otros: el económico y el político, para poner en análisis en clave weberiana.

Los discursos de supremacía blanca están de moda. No tarda mucho en salir Trump o Bolsonaro tico. Realmente los tiempos que corren son deprimentes y lo único que queda es luchar para que la sociedad costarricense no caiga en esta ola de irracionalidad que está recorriendo el mundo, especialmente, en occidente.

(*) Andi Mirom es Filósofo

columnapoliedrica.blogspot.com

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1 COMENTARIO

  1. Ya salió un Bolsonaro tico en las últimas elecciones de febrero del 2018; salió derrotado pero ya está velando armas de nuevo.

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