sábado 28, enero 2023
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Carta abierta para las personas que trabajan en las universidades públicas

Columna Poliédrica

Llegó el momento de asumir un compromiso con, por y para el país. Es necesario salir de la zona de confort que supone trabajar en las universidades públicas, dejar la burbuja académica que proporciona tranquilidad y seguridad en todos los ámbitos. El argumento de los aportes que han dado las universidades públicas a la sociedad costarricense ya no es suficiente, es verdadero pero no alcanza.

Las personas que trabajan en las universidades públicas tienen que salir del ambiente lúdico que supone la academia.  Ya no alcanza el discurso de colaborar desde la universidad pública y que cada quien ayuda desde su ámbito de trabajo al progreso del país. Deben tratar de ocupar los diferentes espacios que están relacionados con la toma de decisiones.

Los espacios de decisión están siendo ocupados por personas con una visión muy limitada. En lugar de proyectar la Costa Rica del siglo XXI en el mediano y largo plazo, lo que tenemos son personas con intereses individuales y grupales que no favorece al mayor número de costarricenses. Las personas que trabajan en la academia pueden contribuir a observar el horizonte, pero para ello es necesario hacer una sinergia con personas que tengan esa misma mentalidad.

La política costarricense en la actualidad es una actividad que no invita a involucrarse a las personas que valoran su tranquilidad, su reputación y su calidad de vida. Para muchos es mejor mantenerse impartiendo sus clases, desarrollando sus investigaciones y ayudando a la gente desde la ejecución de un proyecto de acción social; sin embargo, esa actitud cómoda, lo único que favorece es que muchas personas de poca capacidad asuman los puestos de toma de decisión.

En política no hay espacios vacíos y esa realidad se ha hecho patente desde hace tiempo en Costa Rica. Mientras ustedes se mantienen en la burbuja universitaria y muchas veces indiferentes a lo que acontece fuera de ella, otras personas deciden sobre las diferentes materias que afectan la vida nacional, entre ellas, el destino de las universidades públicas. La indiferencia, muchas veces, se motiva en el hecho de tener los medios de subsistencia asegurados y en asumir una posición de comodidad.

Les guste o no, van a tener que doblarse las mangas y meterse al fango de la política. Muchas personas tuvieron que hacerlo en el pasado para que hoy existan las universidades públicas, en ciertos momentos de la vida se requiere asumir este compromiso moral y cívico; es decir, hay que dar un paso al frente y estar presto a dar luchas en terrenos que nadie desea, ello es necesario para defender a la educación superior pública que tanto bien ha hecho a la sociedad costarricense.

Me atrevo asegurar que las cosas no habían estado tan mal para la educación superior costarricense, desde que en 1888 se cerró la Universidad de Santo Tomás. El problema no es que se cuestione a las universidades públicas sino que haya grupos de interés, públicos y privados, que quieren someter la educación superior pública a sus designios.

La lucha para que la educación superior pública no caiga arrodillada ante los poderes fácticos y formales que existen en Costa Rica, solo la pueden dar las personas que trabajan y estudian en las universidades públicas. Nadie, repito, nadie, dará esa pelea por ustedes. Deben tenerlo claro sino, tarde o temprano, sentirán las consecuencias que supone la inacción y el decidir mantenerse indiferentes ante lo que ha venido pasando en los últimos años en este país.

¿Qué sería de la educación superior pública y de Costa Rica, sin universitarios que en el pasado decidieron asumir posiciones y dar batallas en favor del bienestar de la mayoría de la sociedad costarricense? ¿Qué hubiera pasado si en la década del cuarenta y durante la Asamblea Nacional Constituyente de 1949, no hubieran estado ahí personas como Fernando Baudrit Solera o Rodrigo Facio Brenes?

Universitarios y Universitarias, salgan de la comodidad de la academia. Van a tener que ensuciarse en el lodo de la política, pero no uno ni dos, sino tiene que ser una mayoría. Que ello supone lidiar con las cochinadas de la política, pues sí, es el costo de oportunidad que se debe pagar, para no dejar los asuntos importantes en manos de las personas que están en la toma de decisiones en la actualidad.

¡Adelante! Ya no hay tiempo para la indiferencia y la comodidad de la academia.

(*) Andi Mirom es Filósofo

andimirom@gmail.com

columnapoliedrica.blogspot.com

 

 

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5 COMENTARIOS

  1. Al fin les cayo la peseta !! Ojala y fuera cierto y se arrollaran las mangas y se pusieran a trabajar a la par de el pueblo para que sepan lo que es la vida fuera de la burbuja Sanpedriana.Van ha aprender muchisimo. Como, la teoria es muy pero muy diferente de la realidad. Comprenderan al tico y su manera de pensar. Solo positivo.Lo mejor de Miron en años.
    Como ha costado que entiendan !!

    • Señora Otoya, ya que dice haber leído al señor Mirom durante años, se dará cuenta que su posición ha sido de defensa de la educación superior pública. Ha defendido que se le pague bien a la gente que, con su esfuerzo, han tenido que hacer estudios, aprender idiomas y acumular una serie de meritos para lograr un salario decente. También ha sido crítico con los excesos de una minoría académica. Digo lo anterior, porque lo que el señor Mirom hace en este artículo es llamar a las personas para que asuman un compromiso moral y cívico para sacar de la toma de decisiones a una serie de personas incompetentes. Ese es el punto.

  2. Estoy de acuerdo que gobiernen los mejores. Y preferiria que estos ungidos no salgan solamente de la Cappella Magna a cien metros de la calle de la amargura porque tanto se habla de diversidad pero no en el ambito intelectual. Ya no hay tiempo para más experimentos y tampoco para que los votantes borregos se dejen manipular por temas superfluos que nunca debieron estar en la cima de las deliveraciones. Dos tomaduras de pelo de ocho años fueron suficientes para acabar con la economia de este país.

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