jueves 8, diciembre 2022
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La CCSS, una institución imprescindible

Comenzaré por decir que soy médico cirujano y que en la actualidad no trabajo en la CCSS, aunque por muchos años así lo hice, de lo cual tengo muy buenos recuerdos y un inmenso bagaje ortopédico, que obtuve en mis años de práctica. No entraré en detalles respecto a mi historia personal, es una más de miles, mi idea es explicar porqué defiendo a la CCSS y cuál es mi visión sobre ella.

Cuando yo regresé de estudiar medicina, aún la institución no era universalizada, la ley de don Mario Echandi todavía no entraba en vigencia, entonces existía además de la CCSS, los hospitales de la JPS, la gran mayoría y en ellos terminé mi formación médica y emprendí la formación especializada, además existían los Centros de Salud del Ministerio de Salud y las clínicas privadas.

La política se había involucrado en la medicina hasta los tuétanos, llevando una nueva especie de médicos administrativos que bailaban al son de los políticos de turno, no obstante tenían mucho poder de decisión (y de destrucción) y luego lo perderían, se los arrebataron los políticos de techo: los pega banderas, empleados directos y dilectos del poder tras bambalinas. He dicho muchas veces que la CCSS debe ser súper fuerte, no han logrado acabarla los políticos en contubernio con los grandes empresarios durante los últimos cuarenta años.

Escribo esto hoy, después de leer las declaraciones del señor Alvaro Ramos, recién destituido a raíz del aumento salarial a los empleados. Las razones de su destitución son claras para el Presidente Chaves, para mí no lo son, en realidad un presidente ejecutivo no es un yes man (no debe ser un falderillo, debe tener luz propia, Alvaro la tiene de sobra) debe tener criterio sino mejor pongamos un secretario. No entraré en las leyes que sustentan el asunto, debemos dejar eso a los juristas.

¿Está la CCSS quebrada? No, no lo está, quien está quebrado es el Estado costarricense gracias a la pésima gestión de los últimos diez presidentes, pero la Institución insignia y quizá la más meritoria de todos los costarricenses no lo está.

Recuerdo cuando uno debía atender en un hospital a un personaje político, de alta gama, que traía una recomendación VIP y/o P.O.S., había que atenderlo y punto, lidiando con mil llamadas de las altas jefaturas de la institución y del estado. Eso creo que ya no es fan descarado, no lo sé, pero en aquellos tiempos era una inmoralidad. Recuerdo cuando un candidato que fue en busca de la presidencia hasta por la asociación de damas beatas y nunca logró llegar, el lastre era mucho, en discurso dijo: “este año atendimos 750.000 consultas”, así, sin toser, sin estornudar ni eructar, ese era un estribillo muy político.

Durante el gobierno de Óscar II, se infló la planilla de la institución en 13.000 personas, como parte de su boyante “Plan Escudo”, que realmente no fue nada más que una excusa para meter botellas y encarecer gastos innecesarios.  Yo había escrito muchos artículos antes de eso, luego me hice a un lado porque vi que “predicaba en el desierto”, la lucha durante los dos gobiernos del PAC fue casi cero, después la pandemia ahogaría las ideas.

A raíz del “asunto Ramos”, me pareció muy elevado el riesgo de que perdiéramos la mejor institución que tenemos los costarricenses, con un presidente de la República que parece encogerse de hombros ante los riesgos de la CCSS.

Al menos tenemos la obligación moral de defenderla, porque sencillamente la necesitamos. Yo no puedo pagar gastos médicos mayores, la CCSS me los ha brindado en las dos ocasiones que lo he necesitado, sé por experiencia de paciente lo que verdaderamente significa la CCSS, y como médico comprendo muy bien los riesgos que enfrenta la institución desde la llegada al poder de políticos neoliberales, hoy están bailando al son de los millonarios que quieren el negocio. No podemos perder el emblema de libertad de Costa Rica, además tenemos un sistema de salud que ni ha logrado soñar EEUU, aquí está en juego el dinero para los poderosos y sus lacayos, contra las necesidades básicas de cinco millones de habitantes.

Propuse hace muchos años, fui atacado por eso, dividir la CCSS en dos: una Caja donde se manejan los ingresos, los presupuestos, los egresos, los bienes y los dineros que son del pueblo, no de los políticos.

Por otro lado crear un Instituto Costarricense de Salud, manejado por profesionales de la medicina con presupuestos anuales emanados de la Caja y de la Contraloría General de la República (CGR). Sectorizar de manera provincial ambas partes, para evitar las diferencias en ninguna parte del territorio nacional, todos pagan igual y deben tener igualdad de derechos.

Que la CCSS tome las pólizas médicas de riesgos laborales y SOA, eso incrementará los ingresos de manera exponencial. Esas solo son unas ideas, la esencia es que la CCSS es imprescindible para cinco millones de costarricenses. Si dejamos que eso suceda, la historia nos mostrará como una caricatura de país, una farsa.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es médico

 

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2 COMENTARIOS

  1. La CCSS, como el BCR está en la agenda privatizadora de Rodrigo Chaves R., el cual, empleado súper pagado de los órganos mundiales trasnacionales pretende con gran descaro influir en los costarricenses y legislativo para trasladar, poco a poco, las otras instituciones públicas estatales, como lo han hecho con la JPSSJ, puertos y aeropuertos, carreteras, playas y otros servicios. Ahora que vamos cerrando otro Patrio septiembre bien podríamos pedir a nuestr@s diputad@s reconsiderar los traspasos buscados por Chaves y no sean ustedes, supuestos mercenarios políticos facilitadores a tal entrega. Junto a la Caja, hacen el menú Acueductos y Alcantarillados, todos los bancos, tanto estatales como privados, ICE, Fanal, Recope, F y L., Cooperativas, Munis, etc., etc. Y hasta el poder mediático nacional, promotor encubierto a dichos cambios, serán absorbidos como cientos de malos costarricenses filibusteros que buscan ser un cascarón más en/de nuestra Costa Rica. Buscar ayuda financiera de los rusos, chinos y hasta árabes para esas deudas, es otro medio.
    Sras. y Sres. Diputados: Y para excitar el aprecio institucional bien podrían reformen la ley en este sentido: crear topes generalizados en prestaciones legales a no más de 50 millones de colones, sea quien sea el funcionario por liquidación, y desde ya veremos, a corto plazo los cambios deseados en servicio, tramitología y amor al sistema en función del interés público. ¿Quiénes se apuntan? No sean burdas y torpes figuras de portal, jugadores de chapas, zombis sin cerebro o cuadros de pared para no actuar en consecuencia. Atrévanse, se los dice, este viejo ciudadano.

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