viernes 30, septiembre 2022
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No todo está perdido

Hace muy poco tiempo, horas quizá, no habría podido escribir este artículo. ¿Es que el mundo cambia tan rápido o es mi bipolaridad? Quizá ambas, pero más puede la reflexión, más puede ese ver en otros lo que odiamos en nosotros mismos: ¡vemos a los demás como somos! Muchas veces sentimos empatía o antipatía inmediata con alguna persona que nunca habíamos conocido, lo que cambia al paso del tiempo y el trato, mostrándonos cuán errados estuvimos al principio. Esa transmisión de nuestras realidades hacia otros prójimos, eso es la esencia de la condición humana, “amar al prójimo como a ti mismo” como corolario del primer mandamiento de Jesucristo.

Muchas son las veces que al leer un libro o un artículo, o una revista que ya habíamos leído, encontramos frases o conceptos que ahora si los comprendemos. Pues bien, ¿hacia qué lugar me llevas, compadre?, buena pregunta y es que nada hay más triste que los rodeos deletéreos que usamos para decir un si o un no.

Siempre que opino, trato de utilizar el máximo de veracidad posible y utilizo un axioma médico incuestionable: “ante la duda, abstente”, axioma útil en la mayoría de los campos o disciplinas humanas.

Durante un desayuno lleno de paz, me leí al azar un artículo de un costarricense a quien admiro por muchas razones, en un periódico digital, lo leí en esencia porque su título menciona a Joan Manuel Serrat, había leído unas declaraciones del Rector de la UCR, Henning Jensen, donde explicaba la idea de un cantautor de avanzada hace cincuenta años, al visitar la Universidad con motivo de la apertura del curso lectivo 2019.

Considerando que la UCR es el centro de la vida intelectual de Costa Rica (ojo que digo centro, no único o exclusivo), no se puede obviar ningún comentario respecto a ella y su acontecer, para efectos prácticos entre Savater o Serrat, creo que es más cercano a los muchachos este último, como le llamó Luis Alberto Monge la víspera de caer aplastado por Rodrigo Carazo en el paseo Colón en la demostración de fuerza del PLN: “¡esta muchachada…!”, nunca pude olvidar esa frase.

Retomando mi dispersión mental, regreso al articulista en ciernes, pero no para comentarlo a él, él no es su artículo, quiero comentar lo que despertó en mi “ese”artículo. Se que normalmente la pluma actúa como una transmisión del subconsciente, y donde queremos poner énfasis quizá fallamos, pues es solamente un exabrupto de la voluntad, es la voluntad la más engañosa de las virtudes: ora buena ora mala, puede traicionarnos. En el artículo, largo pero coherente con su fondo, bien elaborado, desglosado como un artículo académico (personalmente no me gustan los artículos largos), causan a veces que el lector desista o se disperse, con lo que se pierden buena parte de los destinatarios originales, y es que un artículo no es un libro, es una explicación de determinada cosa, suceso o persona, donde vertimos nuestro parecer, con la finalidad de crear conciencia o de ayudar a la discusión, o señalar algo que así como nos interesó, creemos oportuno compartir. Escribir artículos es a mi modo personal de ser, como escribir poesía en prosa.

Me he dispersado mucho, quizá porque hubiera no querido comentar esto, pero es que tratar de minimizar a Serrat por el simple hecho de que hubiéramos preferido a Kant o a Nietzsche, es sencillamente no entender el mensaje del acto per os (estamos entonces matando al mensajero), lo que trataba de hacer el Rector era un acto acorde a nuestra época confusa, ¿cual no lo ha sido?, llevar un mensaje de esperanza de acuerdo a lo vivido a los veinte años, un compartir experiencia, y en eso Serrat es más que un cantautor, es un filósofo de la vida práctica de todos los días, sus composiciones son himnos de vivencias vividas (sic), los que ya estamos canosos (o calvos o ambas cosas) supimos tener anhelos con sus canciones-poemas, y lo conseguimos en la mayoría de los casos. Recordemos que Joan Manuel sufrió por la sanguinaria dictadura franquista que por cierto a cuarenta años de terminada, no ha rendido cuentas y es causa de muchos males de esa “España invertebrada” de José Ortega y Gasset. La generación de Serrat se salvó por la trova, no por la reinstauración de la monarquía trasnochada y deslucida. Cuando vemos a esos jóvenes encantados de escuchar al bardo español, nos damos perfecta cuenta de que “no todo está perdido”.

Respeto a ese crítico, porque él no es un artículo, y quizá lo que más admiro de él es ese poder dar en la Diana de la controversia, pero a veces es un muso necesario para pensar.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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