martes 30, noviembre 2021
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El alcalde diamante

Columna Poliédrica

Lo que ha pasado con los alcaldes de varias municipalidades es la cereza en el pastel de la corrupción. Al igual que sucede en la serie de los Simpson, todos los miembros de la comunidad conocen que el alcalde Diamante es un corrupto; sin embargo, muchos ciudadanos toleran esa corrupción a pesar que conocen su existencia, otros tienen algún beneficio de esa corrupción y también vuelven la cara para otro lado. En ambos casos terminan eligiendo, una y otra vez, al mismo alcalde que ha estado durante años en el puesto.  

El alcalde Diamante promueve muchas obras de infraestructura en contubernio, entre otros, con el señor Burns. Nada diferente de lo que pasa en la realidad en que los empresarios privados se convierten en corruptores de los funcionarios públicos corruptos, es decir, se trata de una situación de ida y vuelta; en palabras sencillas, la mayoría de personas ha visto la inconveniencia de la reelección indefinida del puesto de Alcalde, la alternancia en el poder es fundamental en cualquier democracia para que este no se concentre.

Al igual que en otros procedimientos, la mafia corrupta ha logrado encontrar las formas de evadir los obsoletos controles que existen en el ordenamiento jurídico. Se trata de una organización criminal con los suficientes recursos para pagar a los abogados que saben las fisuras que tiene un proceso penal que se ha convertido en una burla para el Estado de Derecho; digámoslo sin pelos en la lengua, los únicos que ganan dinero con estos actos de corrupción son los corruptores, los corruptos y sus abogados.

A la par de la corrupción de las estructuras formales está la que se opera en al margen de ellas. En la serie Los Simpson el alcalde Diamante se relaciona también con el Gordo Tony que es el jefe de la mafia local, nada diferente a lo que está ocurriendo en nuestro país con este tipo de problemas; para nadie es un secreto la forma en que el narcotráfico se ha ido introduciendo en las diferentes esferas de la vida nacional, es algo que está a la vista, muchas personas lo ven, pero no pasa nada o muy poco.

El proceso penal costarricense se ha convertido en una gran farsa. Estamos claros que nadie quiere que el proceso acusatorio se vuelva inquisitorio de nuevo, pero lo que sí queremos es que funcione; sin embargo, ello no está ocurriendo porque los abogados de los corruptos han encontrado la manera de burlar las diferentes etapas del proceso y han convertido al garantismo penal en un medio para la impunidad.

Las medidas cautelares se han vuelto un saludo a la bandera. Cumplir con los requisitos para no ir a la cárcel no resulta difícil en Costa Rica, por ejemplo, si he desfalcado al Estado por muchos millones de colones durante mucho tiempo, no voy a tener mayor problema en brindar una garantía económica por onerosa que pueda ser; lo del arraigo y demás criterios del Código Procesal Penal, es de fácil cumplimiento por empresarios nacional e incluso extranjeros. A la cárcel solo van los pobres que no tienen bienes y tampoco dinero para pagar fianzas y abogados.

La apelación a la enfermedad es otra estrategia usada por los abogados de los corruptores y corruptos para no ir a prisión. Ya hemos visto imputados con supuestas enfermedades terminales que sirven para fundamentar medidas alternativas a la cárcel, ya no solo para los procesados sino también para los condenados; no obstante, después muchos aparecen dándose la gran vida en sus residencias y los más cara de barro se atreven a ir a fincas privadas y hasta a bares con sus amigos.

La impunidad es el peor de los males de cualquier régimen político y jurídico. Cualquier abogado con una mínima cultura jurídica debe haber leído el libro de Cesare Beccaria, De los Delitos y las Penas, en que afirma la necesidad de evitar la impunidad de las personas que delinquen debido a la deslegitimación que ello genera al Derecho como disciplina, a la administración de justicia y general al Estado en que eso es posible; en palabras sencillas, cuando los ciudadanos observan que los delincuentes no son sancionados, no van a la cárcel y no les pasa nada, dejan de creer en las instituciones jurídicas que la sociedad ha desarrollado para sancionar a quienes infringen el ordenamiento jurídico.

En la serie Los Simpson al alcalde Diamante nunca le pasa nada. Siempre hace de las suyas en la más absoluta impunidad, ni la policía, ni la prensa, ni los ciudadanos lo sancionan y por el contrario, lo siguen votando, una y otra vez, para que continúe en su puesto de alcalde. Cuando hay impunidad las personas se comienzan a considerar intocables y además pierden la vergüenza frente a los ciudadanos.

Cuando todo lo anterior sucede y sigue sucediendo, estamos ante una sociedad en absoluta decadencia. La sociedad costarricense merece ser parodiada como ocurre con la sociedad estadounidense, cada vez nos parecemos más a Springfield.

(* Andi Mirom es Filósofo

andimirom@gmail.com

columnapoliedrica.blogspot.com

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2 COMENTARIOS

  1. No es sólo en las alcaldías, tenemos un prófugo de la ley como candidato a la presidencia, y con muchas posibilidades de quedar electo!!!.
    Tenemos a los gobernantes que nos merecemos, definitivamente.

  2. Esto del alcalde diamante me recuerda los delirios de los conquistadores españoles cuando buscarán encontrar el dorado cosa que jamás pudieron lograr. Sin embargo, en el caso de estos alcaldes perpetuos de Costa Rica para desdicha del pueblo siguen en la impunidad, no hay manera de bajar esos diamantes del pedestal en el que se han instalado desde hace varias décadas.

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