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Panamá: ¿Quién tenía la razón?

Fuente: Mauro Zúñiga Araúz  |  2012-04-26

Desde julio de 2010 cuando el Presidente de Panamá, Ricardo Martinelli Berrocal ordenó la masacre a nuestro pueblo originario Gnabe-buglé, dejando como saldo una docena de muertos, centenares de heridos y de invidentes, tomé la pluma y utilicé mi verbo para denunciar la naturaleza fascista del régimen que, con el apoyo de las mayoría nacionales, había llegado al poder utilizando la mentira y las falsas promesas.

Los dueños de los medios impresos y los de las televisoras comerciales me permitieron llevar mis argumentos a los ojos y oídos de la población. Tales fueron la profundidad de mis denuncias que el Presidente les ordenó que no quería ver más mi nombre impreso en los periódicos, ni mi rostro en las televisoras, de lo contrario, suspendería toda publicidad oficial y obligaría a las empresas privadas a que hicieran otro tanto. En efecto, mi nombre desapreció de los medios nacionales. Utilicé, desde entonces, las redes sociales y tuve la fortuna de que mis artículos los recogieran reputados medios del exterior; de manera que mi palabra de protesta fuera conocida por la comunidad internacional. ¿Qué irritaba a Martinelli Berrocal? La verdad. La verdad es el hacha que maltrata al autócrata.

¿Qué denunciaba y sigo denunciando? Las informaciones veraces que me llegaban. Martinelli Berrocal es un hombre inescrupuloso, que llegó al poder con un solo fin: enriquecerse aún más. La procedencia de su inmensa fortuna no tiene explicación. El carácter autocrático de su gobierno se notó desde que nombró a sus incondicionales como Magistrados de la Corte Suprema de Justicia; nombró como Procurador y Contralora a personas de su círculo íntimo y compró, con dinero del Estado, a los diputados de la Asamblea Nacional, para lograr mayoría absoluta. Es, además, dueño de un diario de circulación nacional y de una televisora.

En mis escritos denunciaba los actos puntuales de corrupción; las coimas que recibía; su trastorno psiquiátrico (enfermedad bipolar con botes psicóticos), su consumo de drogas, su alcoholismo, su promiscuidad, sus orgías, sus sobornos, su persecución selectiva, el haber convertido la Dirección General de Ingresos en la Gestapo contemporánea para hacerse de los bienes privados, tomarse para él los bienes y servicios que se le antojen, amenazar a periodistas, quitarles las tierra a los humildes campesinos, iniciar la privatización del Seguro Social, la construcción de hidroeléctricas en la comarca indígena, la explotación minera, en fin, asaltar el país para su propio manejo o en compañía con las transnacionales. Terminó de remilitarizar el país, obra iniciada por su predecesor, el presidente Martín Torrijos Espino.

Es más, denuncié cómo, en asociación con Manuel Antonio Noriega, adquirió su primer supermercado para actividades al margen de la ley. El vinculo de su primo, Ramón Martinelli Corró, ex Tesorero del partido gobernante, preso en México por narcotráfico. La conexión del colombiano Murcia Guzmán, preso en los EEUU, con Martinelli Berrocal. La mayoría de estos temas son tabúes para los directivos y dueños de medios nacionales. Ahora, cuando el escándalo de Lavitola ha sido publicado en muchos diarios del mundo, a la prensa panameña no le ha quedado otra alternativa que reproducirlo.

Como él tiene controlado el Ministerio Público y las autoridades judiciales, incapaces de investigarlo, ya estalló el primer escándalo de corrupción del presidente panameño en el exterior. Las autoridades italianas lo acusan de haber recibido sobornos de parte de Valter Lavitola, sus socios y compañías vinculantes. La defensa de Martinelli Berrocal es caer en la falacia ad hominem: atacar, no al argumento, sino a la persona: tiene el descaro de acusar al socio de Lavitola, Mauro Vellocci, quien lo denunció, de estar vinculado al consumo de droga y de andar con prostitutas. Esto no es más que la punta del iceberg. Mis denuncias tienen que ser investigadas: en Panamá, con un nuevo gobierno, o en el exterior. ¿Cómo están quedando los medios nacionales? La noticia tiene que explotar afuera para que ellos se hagan eco.

El Presidente Ricardo Martinelli Berrocal ocupa el penúltimo lugar en la aceptación entre los países de área. En Panamá, más del 80 % ya no cree en él. Los índices de pobreza están en acenso, la canasta básica sube cada día, sube el precio de la gasolina, aumenta la inseguridad ciudadana, hay paros y huelgas frecuentes, la inconformidad ha llegado a límites peligrosos para la estabilidad del país. El grito de los panameños decentes es exigirle su renuncia, que sea sometido a un juicio, que devuelva todo lo que se apropió y que se convoque a una Asamblea Constituyente Originaria y Participativa con miras a suscribir entre todos un nuevo Pacto Social.

(*) Médico e investigador de la Universidad de Panamá

Comentarios

  • Eric Fonseca2012-04-26 Buen articulo Doctor, nuestros paises estan regidos por una mafia internacional.

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