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Corrupto: quien tiene el corazón roto

Fuente: Leonardo Boff  |  2012-08-18

La indignación generalizada frente a la corrupción en Brasil y en el mundo entero está dando paso a la resignación y a la indiferencia, pues la impunidad está tan extendida que la mayoría de la gente desconfía de que haya solución.

Sobre este hecho la teología tiene algo que decir. Ella sostiene que la condición humana actual se encuentra desgarrada y decadente (infralapsárica se dice en el dialecto teológico), a consecuencia de un acto de corrupción. Según la narración bíblica, la serpiente corrompió a la mujer, la mujer corrompió al hombre y ambos nos dejaron un legado de corrupciones sobre corrupciones hasta el punto de que el mismo Dios “se arrepintió de haber creado al ser humano en la Tierra” como nos recuerda el texto del Génesis (6,6). Somos hijos e hijas de una corrupción originaria.

En los espacios cristianos se alegaba que todo mal se deriva de esta corrupción originaria, llamada pecado original. Pero esta expresión se ha vuelto extraña a los oídos modernos. Son pocos los que se refieren a ella.

Aún así, me atrevo a rescatarla, pues contiene una verdad innegable, confirmada por la reflexión filosófica de Sartre e incluso por el rigorismo filosófico de Kant, según el cual «el ser humano es un leño tan torcido que no se pueden sacar de él tablones rectos».

Es importante hacer notar que es un término creado por la teología. No se encuentra como tal en la Biblia. Fue san Agustín en diálogo epistolar con san Jerónimo quien lo inventó. Con la expresión “pecado original” no pretendía hablar del pasado. Lo “original” no tenía que ver con los orígenes primeros de la historia humana. San Agustín quería hablar del presente: la situación actual del ser humano, en su nivel más profundo, es perversa y está marcada por una distorsión que llega hasta los orígenes de su existencia (de ahí, “original”). Hace su filología de la palabra “corrupto”: es tener un corazón (cor) roto (ruptus, de rompere).

Somos portadores, por lo tanto, de una ruptura interna que equivale a una laceración del corazón. En palabras modernas: somos dia-bólicos y sim-bólicos, sapientes y dementes, capaces de amor y de odio.

Esta es la actual condition humaine. Pero por curiosidad, preguntaba san Agustín, ¿cuándo comenzó? Él mismo responde: desde que conocemos al ser humano: desde los “orígenes” (de aquí el segundo sentido de “original”). Pero no da importancia a esa pregunta. Lo importante es saber que aquí y ahora somos seres corruptos, corruptibles y corruptores. Y que creemos en alguien, Cristo, que nos puede liberar de esta situación. 

¿Pero dónde se manifiesta más visiblemente este estado de corrupción? Quien nos responde es el famoso y católico Lord Acton (1843-1902): en los portadores de poder. Enfáticamente afirma: «mi dogma es la general maldad de los hombres de poder; son los que más se corrompen». Y hace una afirmación siempre repetida: «el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente». ¿Por qué, exactamente, el poder? Porque es uno de los arquetipos más poderosos y tentadores de la psique humana; nos proporciona el sentimiento de omnipotencia y de ser un pequeño «dios». Hobbes en su Leviatán (1651) nos lo confirma: «Señalo como tendencia general de todos los hombres un perpetuo e inquieto deseo de poder y más poder que solamente cesa con la muerte. La razón de esto reside en el hecho de que no se puede asegurar el poder sino buscando más poder todavía».

Ese poder se materializa en el dinero. Por eso las corrupciones que estamos presenciando envuelven siempre dinero y más dinero. Hay un dicho en Ghana: «la boca ríe pero el dinero ríe mejor». El corrupto cree en esta ilusión.

Hasta hoy no hemos encontrado cura para esta herida interior. Sólo podemos disminuirle la sangría. Creo que, en último término, vale el método bíblico: desenmascarar al corrupto, dejándolo desnudo delante de su corrupción, y la pura y simple expulsión del paraíso, es decir, sacar al corruptor y al corrompido de la sociedad y meterlos en la cárcel.

Comentarios

  • Esteban Rojas2012-08-18 Es una lástima que cada uno de nosotros no realice un insight (o autoanálisis) y procure estar pendiente de sus propias actitudes, razonamientos, y una adecuada diferenciación entre lo bueno y lo malo. Siempre preocuparnos por concervar una actitud en la que prevalezca el respeto y temor a Dios (único omnipotente, omnipresente, omnisciente TODO PODEROSO), creador de absolutamente todo lo visible e invisible y el único que puede ayudar al ser humano a ver su propia corrupción, su maldad, su falta de transparencia en actos y pensamiento. No debemos olvidar que nuestro Señor Jesucristo dijo que la ley se resumía en los primeros dos mandamientos: Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y 2) Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Porque de esta manera no robaríamos, no codiciaríamos, no habría adulterio, no habría maldad que pudiera prevalecer ante la Bondad, templanza, mansedumbre, fe, gozo, amor y paz. PORQUE NO NOS HA DADO DIOS ESPIRITU DE COBARDÍA SINO DE PODER, DE AMOR, Y DE DOMINIO PROPIO. Siempre que nuestro objetivo sea hacer la voluntad de Dios y no la nuestra, nuestro pie no se desviará ni a la izquierda ni ala derecha. No tomaremos dinero que no nos pertenece, ni le haremos daño a nuestro prójimo directa o indirectamente, a los que conocemos y no conocemos les desearíamos el bien, y nuestras acciones siempre tendrán presente las respercusiones de las mismas sabiendo y recordando que somos mortales y que en la Biblia dice: No hagais tesoros en la tierra donde la polilla y el ollin corrompen sino hacedlos en el cielo donde Dios tiene cuidado de ellos. Salomón dijo: Vanidad de vanidades todo es vanidad. Y grandes ejemplos hemos tenido como la Madre Tereza de Calcuta quien transmitió uno de sus pensamientos lo siguiente: Solo una vida tengo, y se me ha asignado hacer acciones buenas en mi vida, y si no las hago en esta única vida terrenal que se me ha entregado, no tengo una segunda oportunidad. Dios es el único que puede transformar y moldear nuestra naturaleza, a través del sacrificio santo de su hijo Jesucristo para hacer de seres humanos llenos de pecado original, llenos de corrupción desde el principio de los tiempos, hombres y mujeres de bien, hombres y mujeres que obedecen a Dios, hombres y mujeres que entienden que el poder de este mundo es vanidad, que el dinero y posesiones de este mundo son vanidad, que absolutamente todo en este mundo es vano si Dios no está a nuestro lado, si nos olvidamos de Dios, y si ponemos nuestra mirada en cualquier otro objetivo que no sea hacer la voluntad del Dios poderoso. A Dios sea la gloria, la honra y el poder por los siglos de los siglos, Amén.
  • carlosmonge2012-08-19 Excelente reflexión, como todas las de don Leonardo. Lo más grave de la corrupción, es irse acostumbrando a ella y verla como algo normal, como parte de la sociedad. La Costa Rica de los años 50 del siglo XX para atrás y probablemente el mundo, no vivía el desenfreno del consumismo que hoy nos ofrece la economía capitalista neoliberal y globalizante. La gente vivía humilde, muy trabajadora e impregnada de valores religiósos, morales y espirituales transmitidas por el núcleo familiar, la escuela y la religión. Lamentablemente hoy todo gira alrededor del dinero, acumular poder y riquezas materiales sin importar muchas veces cómo. Lo más desilucionante es que hoy no vemos ni en la familia, ni en las iglesias ni en los gobernates, el ejemplo y el compromiso de no solo ser consecuente con su actuar, sino que muchas veces son parte de ese actuar incorrecto.

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